lunes, 14 de febrero de 2011

La aventura de mi vida

Me invitaron a compartir un poco de la experiencia que viví cuando formé parte del equipo de la Fundación León XIII, Chiapas, y la verdad, no sé por dónde empezar, pero en fin, resulta que un día mientras trabajaba como diseñadora de modas, (esa es mi profesión) dentro de una enorme compañía transnacional. Me di cuenta de que por mucho dinero que ganará, odiaba mi vida, con casi 28 años encima, mi hacer por hacer no me dejaba satisfacción alguna, sentí que sería mejor hacer algo por alguien, aprovechar mi tiempo, esfuerzo y experiencia en ayudar a quien realmente lo necesitará, que mi trabajo fuera significativo para alguien más que el hijo de Sam Walton que nunca está conforme con los millones de dólares que recibe diariamente y siempre quiere más.

Estaba dispuesta a sacrificar lo que tuviera que sacrificar, principalmente mi “exitosa carrera profesional” y en contra de viento y marea, léase mis padres, y a pesar de que todos a mi alrededor juraban que yo estaba loca y que no era más que una simple idealista, pobre niña nice, el destino confabulaba a mi favor y ya había echo todo el plan para mi, y como ya Edipo lo comprobó, es casi imposible ir en contra de nuestro destino.

El 13 de mayo del 2002 a las 6:30 de la mañana, después de un trayecto de aproximadamente 18 horas, llegamos a la central camionera de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas; Marcelo y yo, ¿y ese quién es? Se preguntarán si es que están poniendo atención a mi relato. Marcelo, es el hombre que conocí y del que me enamoré perdidamente apenas hacía dos meses atrás y quien decidió acompañarme en esa nueva aventura y es también quien me sigue acompañando en ésta aventura que es la vida.



Desde mi primer contacto con la Fundación hasta que se hizo realidad mi proyecto de trabajar en ella, me encontré con personas de gran calidad y calidez humana, quienes previamente a nuestro viaje nos ayudaron a conseguir una pequeña casita, cuyas paredes estaban pintadas de un extraño color bugambilia con cenefa de flores, que rentamos en el Barrio de San Ramón, en privada de Sonora #3.

Aquella mañana de mayo en que llegamos a nuestra casa nos encontramos con la agradable sorpresa de que estaba ya amueblada con lo básico: una mesa, dos camas, colchones, cobijas, sillas, todo traído del albergue, de las oficinas y hasta de las casas de mis nuevos compañeros, y recuerdo que sentí que había llegado a un hogar, a una nueva familia que nos acogía con amor.

Al principio mi trabajo en el programa de Artesanías, consistía básicamente en corregir todos los moldes de los estilos de la marca Xanval*, pues aunque las prendas de manta combinada con esos hermosos bordados eran atractivas y comerciales, la venta era poca porque les faltaba afinar los detalles en la calidad del terminado, para que al cliente le quedará y se comprará la prenda.

En ese momento el contacto que tenía con las mujeres artesanas era poco, pero gracias al dinamismo propio de la Fundación, mi labor fue evolucionando. En conjunto con el programa de Comercialización, introdujimos nuevos modelos, de los cuales la camisa para caballero, requería de especial atención en la confección, por lo que tuve que acercarme a las mujeres de las comunidades para enseñarles a hacerla la camisa, éste acercamiento no fue del todo agradable más que un acercamiento fue un choque de dos mundos, dos culturas y dos realidades opuestas y, acepto que mi soberbia y perfeccionismo no ayudaron mucho, entendí que literalmente me había metido en camisa de once varas, lo de menos era retirar el modelo por el alto grado de dificultad que representaba para las artesanas confeccionarlo con calidad, pero debido a la buena aceptación que había tenido en el mercado, esa opción ya no era posible.

Lo que a mi no me entraba en la cabeza era ¿por qué a las artesanas les costaba tanto trabajar con calidad?, sin tomar en cuenta el hecho de que sus máquinas eran obsoletas, claro.

Para mi era evidente que sin calidad no había venta, sin venta no había takín, dinero, para pagarles, ni trabajo que darles. Para mi, la calidad era simplemente que cosieran derechito, pero para ellas el concepto de calidad no existía y al parecer no les importaba mucho, total, ya lo habían cosido como habían podido, a la Fundación le correspondía pagarles y ya, para que tanta bulla…La Fundación había invertido mucho dinero en diferentes proyectos, talleres de costura, invernaderos y muchos más, con el fin de ayudar a grupos de indígenas y con la mano en la cintura los grupos los dejaban botados, “qué ingratos que eran”, pensaba yo en ese entonces sin saber lo equivocada que estaba.

¿Y para qué cuento todo esto?, lo cuento porque a mi y a mis compañeros nos tocó vivir y ser parte de un importante proceso que vivió la Fundación León XIII, que pasó de ser un proveedor de trabajo para los grupos de las comunidades indígenas a ser un acompañante de los procesos organizativos de los grupos quienes desarrollaron y se apropiaron de sus propios proyectos autosustentables.

¿Y cómo se logró este cambio? Apertura de mente, retroalimentación con otras organizaciones de la sociedad civil, mucha capacitación al equipo, cursos, talleres, diplomados, foros, pláticas, mucha comunicación dentro de la Fundación y con las comunidades, dejamos de hablar para tratar de enseñarles algo, mejor nos convertimos en unos grandes oídos, aprendimos a escuchar las necesidades, las expectativas, las experiencias de los grupos de hombres y mujeres de las comunidades indígenas, ¡dejamos de hacer por ellos y ellos empezaron a hacer por ellos mismos!, Digamos que fui parte del inicio de una nueva forma de trabajar y apoyar de la Fundación León XIII, que buscaba a toda costa lograr la autosustentabilidad, no sólo de los grupos sino de la misma Fundación.

Por cuestiones personales decidí dejar la Fundación, la parrilla uruguaya “El Charrúa”, que mi compañero había inaugurado con bombo y platillo en el centro de San Cristóbal, en octubre del 2002, nunca funcionó; Marcelo se había acabado su fondo de ahorros manteniendo su negocio y ya no daba ni para pagar una cocinera, y entre los dos lo trabajamos casi un año más hasta que tuvimos que cerrarlo, así sin un peso en los bolsillos, ni un techo, ni un pan que llevarnos a la boca (no estoy exagerando) nos enteramos de la noticia más hermosa de nuestras vidas, ¡estábamos esperando un bebé! Y sin importar que nuestro plan de establecernos como verdaderos hippies en la mágica ciudad de San Cri-cri se arruinara, decidimos que ya nada más teníamos que hacer ahí y un día de mayo del 2004 a las 4 de la tarde regresamos a la Ciudad de México, con nada más que una mano adelante y otra atrás…

Tiempo después, seguí colaborando con la Fundación León XIII; primero, en la ciudad de México dando capacitación y acompañamiento a un grupo de indígenas artesanas migrantes de Chiapas, Oaxaca y Guerrero y, posteriormente a un grupo de mujeres de Aquixtla, Puebla, que con apoyo del gobierno habían montado un taller de costura.

Actualmente, mi hija tiene seis años y yo trabajo en una comercializadora importando productos textiles de Asia e India y vendiéndolos a las grandes cadenas nacionales y transnacionales.

Para concluir, me gustaría agregar que lo que acabo de compartir es meramente mi punto de vista, que lo que viví y aprendí en la Fundación León XIII, Chiapas, no tuvo nada que ver con las expectativas que tenía al emprender el viaje, hasta la fecha no estoy segura de haber hecho algo por alguien más, no sé si lo que aporté le sirvió a alguien, o si alguna de las mujeres artesanas pudo aprender algo de mí, lo que sí sé, es que mi forma de ver la vida cambió, mi forma de vivir la vida cambió, que cada día en la Fundación, cada persona de la Fundación, cada una de las mujeres artesanas me enseñaron algo importante que aún permanece en mi y doy gracias a la vida por haberme permitido tener esa experiencia que a menos que en un futuro por cualquier razón sufra de pérdida de memoria, nunca se borrará de mi mente ni mi corazón.

Saludos y un fuerte abrazo

Katya Preciado

*La marca Xanval, es una marca registrada propiedad de la Fundación León XIII, IAP. , se hizo con el objetivo de confeccionar y vender prendas de vestir de algodón con un toque de bordado que proporcionara trabajo digno y un ingreso a las artesanas contribuyendo así a mejorar su calidad de vida.




martes, 8 de febrero de 2011

Testimonios de Promotores en medicina tradicional




Testimonios de Ana María Gómez Álvarez y Juana Álvarez López, originarias de Pinabetal, Chilón; José Huber Gómez Vázquez, originario de Cruz del Rosario, Las Margaritas; ellos son parte del grupo de promotores de medicina tradicional que se forman con el fin de mejorar la salud en sus comunidades, aprovechar los conocimientos de la medicina tradicional y conservar el uso de estas tecnologías de la salud en nuestro país.

lunes, 31 de enero de 2011

Testimonios sobre actividades de Desarrollo Agropecuario



Testimonio de Aurelia Méndez Jiménez de Cruz del Rosario, Las Margaritas; y Claudia Díaz Jiménez de San Andrés Larráinzar; ambas pertenecen al grupo de beneficiarios del programa de Desarrollo Agropecuario, que tienen como objetivo aumentar el nivel de ingresos de las familias por medio de proyectos autosustentables e incluyentes con diversas actividades de producción agropecuaria.

lunes, 24 de enero de 2011


“Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en Mí, aunque haya muerto vivirá, y todo aquél que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (Jn. 11, 25)

Desde nuestra fe y esperanza cristiana y ante el fallecimiento de Monseñor Samuel Ruíz García, proclamamos la vida nueva en Cristo, y por ello, estamos seguros que Dios, Padre Misericordioso, lo ha recibido en su seno, donde un día nos uniremos todos al banquete eterno que el Señor nos tiene preparado.

Javier Herrera Romero

Subdirector en Chiapas

lunes, 10 de enero de 2011

Comenzamos el 2011

Estimados lectores:

Los días soleados con aroma a flores y el concierto de pájaros, llegarán a través de los sueños e ilusiones de quienes creemos que este nuevo año es para sembrar esperanza y cosechar frutos de felicidad.


Entre angustias y pesares, sólo queda un modo de empezar el año nuevo, y es con el ánimo suficiente para trabajar con las herramientas que tenemos, la felicidad está dentro de nosotros y debemos saber descubrirla. Los elementos que tenemos a la mano no son más fuertes que la fe que pongamos en cristalizar un sueño.


Para colaboradores del Centro de Desarrollo Comunitario San José de la Fundación León XIII en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el reto es mejorar la calidad de vida de los grupos con los que trabajamos a través de la producción sustentable, la educación en nutrición y ambiental; así como generar espacios para invitarlos a que se unan y juntos alcancemos el sueño de un espacio mejor.


Deseamos a todas las personas que creen en la construcción de un mundo más humano y solidario que este año 2011 tenga más y mejores momentos, llenos de logros y renovaciones personales.


Cordialmente


Javier Herrera Romero

Subdirector en Chiapas

Fundación León XIII, IAP

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Feliz navidad 2010


Que el nacimiento de Jesús llene de luz, esperanza y amor a tú hogar. La familia de Fundación León XIII te desea feliz navidad.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Asamblea Anual de beneficiarios


Entre el dos y el tres de diciembre de este año, con risas, cantos, charlas y oraciones se realizó la asamblea anual de beneficiarios del Centro de Desarrollo Comunitario, CDC, San José de la Fundación León XIII, en Chiapas.

Aproximadamente 350 personas de municipios como Altamirano, San Juan Chamula, Chenalhó, Chilón, El Bosque, Jitotol, Las Margaritas, San Andrés Larráinzar, San Cristóbal de Las Casas, Tapilula, San Fernando, Venustiano Carranza y Zinacantán estuvieron presentes para compartir sus experiencias y opiniones sobre el trabajo desarrollado por los programas de Desarrollo Agropecuario, Comercio Justo, Salud y Nutrición.

El dos de diciembre iniciaron los trabajos. En las primeras horas se establecieron las tres mesas de registro para anotar el nombre, la procedencia y el programa con el trabajaban los asistentes.

En cada mesa, además del registro, dos colaboradores dieron la bienvenida en español y tzotzil a cada persona. Al término del registro se les daba una tarjeta con una raya de color (naranja, morado, rosa, rojo, verde limón, amarillo, celeste, café, azul y gris) y su nombre para que fueran identificados e integraran equipos durante el día. A los niños se les dio una tarjeta en blanco para que participaran del recorrido de la Granja del Abuelo Juan.

El inicio, alrededor de las 8 y media de la mañana, se marcó con el tradicional ritual maya que consiste en poner juncia, que significa alegría y la madre tierra; flores, para formar una rosa del viento; velas de colores en cada punta de la rosa del viento, para simbolizar el cielo, la noche, la luz del sol y la sangre como hermanos indígenas, así como incienso para purificar el alma de los asistentes. Esta ritual se realiza para fortalecer las costumbres y tradiciones de las comunidades.
El ritual maya fue dirigido por Alfonso Liévano Narváez, coordinador del programa de Desarrollo Agropecuario, y Juan Gómez, médico tradicional tzotzil. Durante el ritual, varias personas hicieron sus peticiones para que la Asamblea tuviera buenos frutos; por la salud de los familiares de todos los colaboradores y beneficiarios de la Fundación.

Posteriormente, Javier Herrera Romero, subdirector del CDC, dio la bienvenida a los asistentes y pidió que durante los dos días nos esforzáramos para reflexionar sobre el trabajo que hacemos en conjunto, Fundación y grupos y/o comunidades, para lograr el desarrollo de la comunidad.

A las 9:30 de la mañana tuvo lugar el día de campo. Sentados en el pasto de los jardines del CDC, sin temor a llegar tarde a la milpa y con la compañía de los rayos del sol, los beneficiarios se agruparon según el color de la tarjeta que tenía su nombre, para recibir el desayuno. Café con pan tradicional, huevos con ejotes, frijoles y tortillas fue el menú del desayuno que degustaron niños, mujeres y hombres.

Al final del desayuno, todos cooperaron para levantar los platos, vasos y cubierto que se utilizaron.

Una hora después, inició un momento de reflexión. Alma del Mar Ramírez Acevedo, coordinadora del área de Comercio Justo, y Alfonso Liévano, dieron a conocer la forma en la que se realizarían los trabajos de la asamblea durante los dos días para alcanzar el objetivo de conocer los logros alcanzados durante el año. Además, informaron que todos los niños harían el recorrido de la Granja del Abuelo Juan para que jugaran, aprendieran y estuvieran entretenidos.

Los prestadores de servicio social Francisco Javier Hernández García, Yuleny Martínez Vázquez, Johnny González Morales y Elvira López Victoria, fueron los responsables del recorrido de la Granja del Abuelo Juan. A ellos los acompañó Javier de Jesús Méndez Ruíz, traductor y responsable del Módulo de Hongos del CDC San José.

Cada equipo tendría un representante de la Fundación y un traductor para que todos se entendieran. Entre los representantes estuvieron Candelaria Entzin López, Martha Pérez Pech, Pedro Erick Del Carpio Soto, Rossana Burguete Escobar, Jacinto Ruíz Méndez, Anely Reséndiz Soto, Jokebed Guillén, Juan Gómez, Marcelino Pérez Bolom, Angelina Morales Morales.

Ellos organizaron a los equipos para que respondieran tres preguntas: ¿qué han aprendido? (K’usi a cahnojik’?); ¿en qué los ha fortalecido el trabajo con Fundación? (Ta k’usi las tsatsuntaso xuk Fundación?); ¿qué falta?, (k’usi sk’anto?); ¿qué le hemos aportado a la Fundación?, (k’usi k’akoj betik’li Fundación?).

Al final de ejercicio de reflexión, todos los equipos se reunieron en el área verde del edificio B para dar a conocer las respuestas que obtuvieron. El ejercicio sirvió para que conocieran que sí hay avances en las distintas comunidades, pero que falta participación y apoyar los trabajos y programas de la Fundación.

Mientras tanto en la Granja del Abuelo Juan, los niños de las comunidades aprendían por medio de juegos lo importante que es cuidar el medio ambiente para mejorar su salud y la de sus familiares y amigos.

El Mercadito

Al mediodía, inició un pequeño bazar o mercadito que permitió que las personas se reunieran por grupos y/o comunidades y vender productos perecederos que producen.

El Mercadito fue instalado en el área verde de la entrada del CDC San José. Entre los productos a la venta se encontraban tortillas de maíz hechas a mano; memelas de frijoles; pozol blanco (bebida tradicional hecha con maíz molido); hojuelas de maíz cubiertas de azúcar; tamales de bola con carne de cerdo adobada; tamales de setas; dulce de calabaza; dulce de chilacayote; pan tradicional; chayotes cocidos con sal; así como turrón.

Después del Mercadito, se levantaron las mesas y la gente se reunió en el área verde frente al edificio B para comer y compartir alimentos que trajeron desde su comunidad.

Estos alimentos, por la manera en que fueron presentados a la asamblea, en pequeños morrales, parecían tesoros deliciosos que todos los participantes tuvimos la oportunidad de degustar y compartir. En los morrales había tortillas hechas a mano, tostadas de frijoles, pan y hojuelas, que en menos de un trinar de pájaros tenían personas interesadas en comerlos.

Después de las tortillas y las tostadas desfilaron participantes de la asamblea con charolas de platos que incluían delicioso picadillo, sopa de arroz y frijoles, entre otros alimentos.

Al final de la comida, todos ayudaron a levantar los platos, vasos y cucharas que se utilizaron y se reunieron nuevamente por equipos.

Luego de la comida, los participantes se divirtieron al elaborar, por equipos, piñatas, con hojas de revistas y engrudo. Si bien no había expertos para hacer piñatas, el ingenio y la creatividad fue lo que más resaltó en esta actividad.

Dos horas después, había once piñatas de formas inimaginables y con múltiples colores.


Hacia las cinco de la tarde, entre risas, nervios y alegría, los colaboradores del CDC San José presentaron la pastorela “La Marimorena”. Esta pastorela, además de sembrar la semilla del ingenio, la creatividad y divertir, permitió que quienes viven en zonas de alta marginación reflexionen y comprendan las posibilidades que la Navidad ofrece para todos.

La pastorela permitió que los colaboradores y beneficiarios de la Fundación bromearan sobre sus actitudes y actividades. Las risas y los aplausos estimularon a que los actores en escena, improvisarán y le dieran un toque real y creativo al personaje que interpretaron.

La escena más aplaudida fue el enfrentamiento entre el Arcángel Gabriel y el Diablo, quienes se enfrentaron a la manera de la lucha libre mexicana, caracterizados como el Místico y la Parca, respectivamente.

El encuentro tuvo como referí al pastorcito Javier y las porras, los aplausos y gritos animaron a los participantes.

La Parca se lució sin temor alguno al ritmo de las porras de los diablitos, mientras que el Místico demostró que tenía apoyos en lugares importantes y que lucharía para ganar.

Niños, mujeres y hombre gritaban eufóricos para apoyar al Místico. Un instante después, el Místico estaba arriba de la Parca que, como siempre ocurre con Satanás y sus obras, son derrotados. Así, el Arcángel Gabriel corrió a los demonios que tenían la intención de sembrar la desesperanza, la desconfianza, el rencor y la pereza en la Tierra.


Al final de la pastorela, se hicieron presentes Melchor, Gaspar y Baltazar, los Reyes Magos, al ritmo de la canción de la Marimorena.

Al concluir la pastorela ingresaron todos los actores que participaron para agradecer la atención al público, y posteriormente se acercaron las personas que estuvieron tras bambalinas y que hicieron posible que las luces, el sonido, la escenografía y la dirección en escena estuvieran en tiempo y forma.

Alrededor de las ocho de la noche, el público caminó al área verde del edificio B para reunirse por equipos y cenar. Se ofreció caldo de pollo con verduras, lo que sirvió para espantar la noche fría. Mientras los niños se formaron para que recibieran de las manos de los reyes magos las bolsitas de caramelos que les habían preparado.

La noche fría y estrellada se acabó cuando los niños rompieron las piñatas que creativamente hicieron cubiertas de palomitas de maíz y rellenas de caramelos, frutas y galletas.

Día de esperanza

El día siguiente, día de esperanza, inició con una reflexión sobre el papel del CDC San José como un punto de encuentro para el diálogo de diferentes actores de la sociedad. Por ello, el día inició con una celebración eucarística que logró unir a todos los beneficiarios para que aclamaran que son hermanos y que juntos construiremos un mundo mejor.

El momento más emotivo, fue ver que las manos de los beneficiarios se estrecharan con calidez y cariño por el simple hecho de haber sido creados por el mismo Dios.

Al término de la misa, todos los asistentes se reunieron alrededor de la Cruz Atrial del CDC, para degustar de unas deliciosas enfrijoladas con queso y crema, café, ponche de frutas y pan tradicional que fueron ofrecidos como desayuno.

Hacia las diez de la mañana se ofreció una presentación de los programas y colaboradores de la Fundación León XIII.

Y es que los grupos y/o comunidades que acompaña Fundación León en Chiapas conocen e identifican a las personas que los visitan regularmente, sin embargo hay quienes esporádicamente los ven, porque su trabajo se desarrolla desde las oficinas.

Lo que más agradó a los asistentes fueron las fotografías y videos que protagonizaban los colaboradores y beneficiarios de la Fundación y que sirven para dar a conocer el trabajo que realizan.

A las once de la mañana se quebraron las piñatas que habían hecho el día anterior los adultos en cada uno de los equipos.

El pañuelo, el palo y el canto de dale, dale no pierdas el tino, se escucharon con alegría. Ver el rostro de los niños, mujeres y adultos que disfrutaban de los momentos de convivencia, es sin duda lo que más recordaremos los colaboradores del CDC San José.

Luego, alrededor del medio día, y por iniciativa de Gabriela Reyes Aguilar, joven de la comunidad de Cuauhtémoc, del municipio de San Fernando, se abrió un espacio para amenizar la jornada con canciones.

“Dedico está canción a los todos los colaboradores de Fundación León XIII porque gracias a su apoyo mi comunidad está progresando y se ha dado cuenta que hay muchas formas de salir adelante” dijo Gabriela antes de cantar.

Poco a poco, pidieron el micrófono otras personas y el ambiente de cordialidad, cariño y confianza se consolidó hasta ver a artesanas de diferentes comunidades bailando y aplaudiendo al ritmo de las canciones.

Los colaboradores del CDC, Josué De la Torre De la Torre, nutriólogo; Francisco Gutiérrez López, contador del CDC; Marcelino Pérez Bolom, responsable de producción orgánica en comunidades; Juan Gómez Vázquez, médico tradicional; amenizaron con aplausos, baile y chiflidos.

Triste despedida

Luego de la convivencia, llegó el momento de comer y despedirse. Los manteles eran largos porque el objetivo de la Asamblea se cumplió. Los colaboradores y los beneficiarios juntos y contentos, sin temores, convivieron y se conocieron.

El tan ansiado mole con pollo llegó a las manos de todos acompañado de tortillas y agua de fruta, con ello se acercaba el momento de la despedida, en el que cada uno regresaría su comunidad a compartir lo que vivió durante la asamblea.

Abrazos y besos, como muestra de agradecimiento fueron los regalos que cada beneficiario dejó en los corazones de los colaboradores.

Para culminar la reflexión, vale la pena considerar las palabras que Javier Herrera, subdirector del CDC San José pronunció:

“Fue una Asamblea que sirvió para que se encontraran personas indígenas, campesinas y de zonas sub-urbanas que favoreció la identidad personal y de grupo y que fortalecerá su trabajo.

“Hace falta un mayor sentido de corresponsabilidad sobre la construcción de su presente y de su futuro, y de ellos hacia la Fundación. Aunque los espacios de convivencia, de reflexión y de celebración fueron muy positivos, hace falta una actitud de mayor apertura, aceptación e inclusión entre grupos y comunidades indígenas y mestizas”.

A su vez, al ser entrevistada sobre el significado de la asamblea, Rossana Burguete, asistente del subdirector señaló: “Me gustó la colaboración de todos. Vi a la gente agradecida, y aunque sé que tienen muchas necesidades, los vi con muchas esperanzas por salir adelante y de la mano de Fundación”.

A su turno, Alfonso Liévano Narváez, coordinador del programa de Desarrollo Agropecuario, apuntó: “me pareció una actividad completa con grandes frutos, compromiso y presencia de las comunidades. Se enriqueció el espacio por los momentos de convivencia entre Fundación y los beneficiarios”.

Finalmente, Alma del Mar Ramírez Acevedo, coordinadora de Comercio Justo, expresó: “la asamblea fue algo muy lindo que me agradó y que me deja satisfecha por la participación de todos, que logró organizarse con poco tiempo y dinero; y que supero las expectativas de todos”.

Las luces se apagaron, el CDC se cerró y sólo quedaron los recuerdos de las risas, los gestos de alegría y de agradecimiento en la memoria de los colaboradores del CDC.

La Fundación León XIII, es una institución de asistencia privada fundada en 1994 que, desde el Centro de Desarrollo Comunitario San José, ubicado en San Cristóbal de Las Casas, desarrolla programas orientados a mejorar la calidad de vida de distintas comunidades del sureste de México.

Texto Joyce Jiménez Cabrera; y fotografía Alejandro Román y Joyce Jiménez