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lunes, 1 de agosto de 2011

Testimonio de Alfonso Liévano Narváez

Hola amigos,les compartimos el testimonio de Alfonso Liévano Narváez, coordinador del programa de Desarrollo Agropecuario del Centro de Desarrollo Comunitario, CDC, San José de la Fundación León XIII, en Chiapas. Esperamos que sea de su agrado. Saludos

viernes, 22 de julio de 2011

Testimonio de Juan Gómez Vázquez


Hola amigos, les compartimos el testimonio de Juan Gómez Vázquez, médico tradicional del Centro de Desarrollo Comunitario, CDC, San José de la Fundación León XIII, en Chiapas. Esperamos que sea de su agrado. Saludos

martes, 12 de abril de 2011

Testimonio de Candelaria Gómez Gómez


Les compartimos el testimonio de Candelaria Gómez Gómez, originaria del municipio de Jitotol y beneficiaria del programa de Desarrollo Agropecuario, que tiene como objetivo aumentar el nivel de ingresos de las familias por medio de proyectos autosustentables e incluyentes con diversas actividades de producción agropecuaria.

martes, 8 de marzo de 2011

“LA OPORTUNIDAD DE HACERNOS PRÓJIMO”

Frase que invita a la reflexión después de haber tenido oportunidad de visitar y conocer uno de los proyectos que León XIII tiene en Chiapas, y sin importar obstáculos o distancia, estos permanecen a través de años de haberse iniciado.

CRUCERO es el nombre del lugar, situado al oriente de San Cristóbal, más o menos a media hora de camino.

Esta comunidad, cuya característica es que la habitan 14 mujeres entre 15 y 80 años, la mayoría viudas, y los esposos de dos de ellas, han marchado a los Estados Unidos, y Chiapas no es la excepción, por tanto, podría convertirse también, en una de tantas en la República, habitada solamente por mujeres.

Con cierta timidez, pero con alegría, nos reciben, e inmediatamente nos invitan a pasar.

Las artesanías, ocupación ancestral que les ha ayudado a sostenerse por muchos años, siguen siendo su forma de vida, con el cultivo de algunas hortalizas y cría de borregos para ocupar la lana en las prendas que elaboran.

Es importante señalar, que las mujeres no necesitaron que nadie les enseñara lo que era natural en ellas, sin embargo ahora con el apoyo y ayuda de la Fundación, les ha permitido continuar en este maravilloso quehacer, dándoles también la oportunidad de posicionarse y comercializar sus prendas de la mejor forma.

Gustosas abren su pequeño taller en donde trabajan: una mesa grande, algunas sillas, repisas y material de costura. Ahí mismo improvisan la sala de juntas para esta reunión, y llaman a todas a asistir. Las mujeres mayores aunque están presentes, tienen poca participación, más bien escuchan.

Juanita, la líder del grupo, una mujer joven alegre y muy despierta, destaca por su actividad y dinamismo, es también la intérprete y el enlace entre su comunidad y el resto de visitantes. Ella refleja y expresa valores femeninos, y se traducen en la habilidad que tiene para manejar su liderazgo.

Se percibe un ambiente de confianza y camaradería, la timidez va quedando atrás y escuchan con atención, conversan, establecen o retoman las reglas, dialogan, llegan a acuerdos y se emocionan con el proyecto de aprender a cocer en máquinas industriales.

Mientras esto sucede, fuera del taller juegan varios niños, quienes de vez en cuando se asoman a buscar a sus mamás o simplemente a curiosear, vuelven a sus juegos, se mojan, acompañados de los perros y piden que se les tomen fotografías.

Llega el momento del convivio y sirven té limón con pan para todos, las mujeres ríen, y Juanita continúa en su trabajo intenso de intérprete entre muchos otros, y así termina esta visita a este grupo de mujeres maravillosas que seguramente su taller de costura, además de ser su espacio de trabajo, les sirva para conversar, reír, llorar e hilvanar sueños…y donde unidas y solidarias han encontrado un cauce para aspirar a mejores condiciones de vida.

Indudablemente la mujer, y con mayor razón la de comunidades indígenas, ha ido sorteando una serie de problemas y dificultades de todo tipo para irse abriendo espacios, y lograr lo que hasta el momento con tanto esfuerzo ha alcanzado.

Es importante también, el ver que reconocen y aceptan que necesitan ayuda, por lo que se rodean de personas capaces que les han brindado estímulo, enseñanza, capacitación, cooperación, la manera de una mejor organización, y desde luego, trabajo en equipo.

Todo esto me sugiere, un estilo femenino, en donde cada una de ellas aporta de una manera muy particular, rasgos de su personalidad y creatividad, dando lo mejor de sí mismas, y de esta forma le imprime un sello muy personal.

Pienso que el valorar la creatividad de estas mujeres y además propiciar el ambiente ideal para su realización personal, es una oportunidad que la vida nos brinda. Considero también un reto ayudarles a vivir de una manera más digna y plena.

El trabajo de ellas, no tiene solamente un valor en el producto en sí, o en el resultado, sino también en el crecimiento interior que dicha actividad le aportó y en donde imprimen vocación y talento.

Finalmente reconocer que en cada pieza elaborada por sus manos vamos descubriendo el amor, la fortaleza y arte de grandes mujeres que por tanto tiempo permanecieron en el anonimato, y hoy afortunadamente se van abriendo nuevos caminos en sus vidas.

María del Carmen Romero de Urbina

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Asamblea Anual de beneficiarios


Entre el dos y el tres de diciembre de este año, con risas, cantos, charlas y oraciones se realizó la asamblea anual de beneficiarios del Centro de Desarrollo Comunitario, CDC, San José de la Fundación León XIII, en Chiapas.

Aproximadamente 350 personas de municipios como Altamirano, San Juan Chamula, Chenalhó, Chilón, El Bosque, Jitotol, Las Margaritas, San Andrés Larráinzar, San Cristóbal de Las Casas, Tapilula, San Fernando, Venustiano Carranza y Zinacantán estuvieron presentes para compartir sus experiencias y opiniones sobre el trabajo desarrollado por los programas de Desarrollo Agropecuario, Comercio Justo, Salud y Nutrición.

El dos de diciembre iniciaron los trabajos. En las primeras horas se establecieron las tres mesas de registro para anotar el nombre, la procedencia y el programa con el trabajaban los asistentes.

En cada mesa, además del registro, dos colaboradores dieron la bienvenida en español y tzotzil a cada persona. Al término del registro se les daba una tarjeta con una raya de color (naranja, morado, rosa, rojo, verde limón, amarillo, celeste, café, azul y gris) y su nombre para que fueran identificados e integraran equipos durante el día. A los niños se les dio una tarjeta en blanco para que participaran del recorrido de la Granja del Abuelo Juan.

El inicio, alrededor de las 8 y media de la mañana, se marcó con el tradicional ritual maya que consiste en poner juncia, que significa alegría y la madre tierra; flores, para formar una rosa del viento; velas de colores en cada punta de la rosa del viento, para simbolizar el cielo, la noche, la luz del sol y la sangre como hermanos indígenas, así como incienso para purificar el alma de los asistentes. Esta ritual se realiza para fortalecer las costumbres y tradiciones de las comunidades.
El ritual maya fue dirigido por Alfonso Liévano Narváez, coordinador del programa de Desarrollo Agropecuario, y Juan Gómez, médico tradicional tzotzil. Durante el ritual, varias personas hicieron sus peticiones para que la Asamblea tuviera buenos frutos; por la salud de los familiares de todos los colaboradores y beneficiarios de la Fundación.

Posteriormente, Javier Herrera Romero, subdirector del CDC, dio la bienvenida a los asistentes y pidió que durante los dos días nos esforzáramos para reflexionar sobre el trabajo que hacemos en conjunto, Fundación y grupos y/o comunidades, para lograr el desarrollo de la comunidad.

A las 9:30 de la mañana tuvo lugar el día de campo. Sentados en el pasto de los jardines del CDC, sin temor a llegar tarde a la milpa y con la compañía de los rayos del sol, los beneficiarios se agruparon según el color de la tarjeta que tenía su nombre, para recibir el desayuno. Café con pan tradicional, huevos con ejotes, frijoles y tortillas fue el menú del desayuno que degustaron niños, mujeres y hombres.

Al final del desayuno, todos cooperaron para levantar los platos, vasos y cubierto que se utilizaron.

Una hora después, inició un momento de reflexión. Alma del Mar Ramírez Acevedo, coordinadora del área de Comercio Justo, y Alfonso Liévano, dieron a conocer la forma en la que se realizarían los trabajos de la asamblea durante los dos días para alcanzar el objetivo de conocer los logros alcanzados durante el año. Además, informaron que todos los niños harían el recorrido de la Granja del Abuelo Juan para que jugaran, aprendieran y estuvieran entretenidos.

Los prestadores de servicio social Francisco Javier Hernández García, Yuleny Martínez Vázquez, Johnny González Morales y Elvira López Victoria, fueron los responsables del recorrido de la Granja del Abuelo Juan. A ellos los acompañó Javier de Jesús Méndez Ruíz, traductor y responsable del Módulo de Hongos del CDC San José.

Cada equipo tendría un representante de la Fundación y un traductor para que todos se entendieran. Entre los representantes estuvieron Candelaria Entzin López, Martha Pérez Pech, Pedro Erick Del Carpio Soto, Rossana Burguete Escobar, Jacinto Ruíz Méndez, Anely Reséndiz Soto, Jokebed Guillén, Juan Gómez, Marcelino Pérez Bolom, Angelina Morales Morales.

Ellos organizaron a los equipos para que respondieran tres preguntas: ¿qué han aprendido? (K’usi a cahnojik’?); ¿en qué los ha fortalecido el trabajo con Fundación? (Ta k’usi las tsatsuntaso xuk Fundación?); ¿qué falta?, (k’usi sk’anto?); ¿qué le hemos aportado a la Fundación?, (k’usi k’akoj betik’li Fundación?).

Al final de ejercicio de reflexión, todos los equipos se reunieron en el área verde del edificio B para dar a conocer las respuestas que obtuvieron. El ejercicio sirvió para que conocieran que sí hay avances en las distintas comunidades, pero que falta participación y apoyar los trabajos y programas de la Fundación.

Mientras tanto en la Granja del Abuelo Juan, los niños de las comunidades aprendían por medio de juegos lo importante que es cuidar el medio ambiente para mejorar su salud y la de sus familiares y amigos.

El Mercadito

Al mediodía, inició un pequeño bazar o mercadito que permitió que las personas se reunieran por grupos y/o comunidades y vender productos perecederos que producen.

El Mercadito fue instalado en el área verde de la entrada del CDC San José. Entre los productos a la venta se encontraban tortillas de maíz hechas a mano; memelas de frijoles; pozol blanco (bebida tradicional hecha con maíz molido); hojuelas de maíz cubiertas de azúcar; tamales de bola con carne de cerdo adobada; tamales de setas; dulce de calabaza; dulce de chilacayote; pan tradicional; chayotes cocidos con sal; así como turrón.

Después del Mercadito, se levantaron las mesas y la gente se reunió en el área verde frente al edificio B para comer y compartir alimentos que trajeron desde su comunidad.

Estos alimentos, por la manera en que fueron presentados a la asamblea, en pequeños morrales, parecían tesoros deliciosos que todos los participantes tuvimos la oportunidad de degustar y compartir. En los morrales había tortillas hechas a mano, tostadas de frijoles, pan y hojuelas, que en menos de un trinar de pájaros tenían personas interesadas en comerlos.

Después de las tortillas y las tostadas desfilaron participantes de la asamblea con charolas de platos que incluían delicioso picadillo, sopa de arroz y frijoles, entre otros alimentos.

Al final de la comida, todos ayudaron a levantar los platos, vasos y cucharas que se utilizaron y se reunieron nuevamente por equipos.

Luego de la comida, los participantes se divirtieron al elaborar, por equipos, piñatas, con hojas de revistas y engrudo. Si bien no había expertos para hacer piñatas, el ingenio y la creatividad fue lo que más resaltó en esta actividad.

Dos horas después, había once piñatas de formas inimaginables y con múltiples colores.


Hacia las cinco de la tarde, entre risas, nervios y alegría, los colaboradores del CDC San José presentaron la pastorela “La Marimorena”. Esta pastorela, además de sembrar la semilla del ingenio, la creatividad y divertir, permitió que quienes viven en zonas de alta marginación reflexionen y comprendan las posibilidades que la Navidad ofrece para todos.

La pastorela permitió que los colaboradores y beneficiarios de la Fundación bromearan sobre sus actitudes y actividades. Las risas y los aplausos estimularon a que los actores en escena, improvisarán y le dieran un toque real y creativo al personaje que interpretaron.

La escena más aplaudida fue el enfrentamiento entre el Arcángel Gabriel y el Diablo, quienes se enfrentaron a la manera de la lucha libre mexicana, caracterizados como el Místico y la Parca, respectivamente.

El encuentro tuvo como referí al pastorcito Javier y las porras, los aplausos y gritos animaron a los participantes.

La Parca se lució sin temor alguno al ritmo de las porras de los diablitos, mientras que el Místico demostró que tenía apoyos en lugares importantes y que lucharía para ganar.

Niños, mujeres y hombre gritaban eufóricos para apoyar al Místico. Un instante después, el Místico estaba arriba de la Parca que, como siempre ocurre con Satanás y sus obras, son derrotados. Así, el Arcángel Gabriel corrió a los demonios que tenían la intención de sembrar la desesperanza, la desconfianza, el rencor y la pereza en la Tierra.


Al final de la pastorela, se hicieron presentes Melchor, Gaspar y Baltazar, los Reyes Magos, al ritmo de la canción de la Marimorena.

Al concluir la pastorela ingresaron todos los actores que participaron para agradecer la atención al público, y posteriormente se acercaron las personas que estuvieron tras bambalinas y que hicieron posible que las luces, el sonido, la escenografía y la dirección en escena estuvieran en tiempo y forma.

Alrededor de las ocho de la noche, el público caminó al área verde del edificio B para reunirse por equipos y cenar. Se ofreció caldo de pollo con verduras, lo que sirvió para espantar la noche fría. Mientras los niños se formaron para que recibieran de las manos de los reyes magos las bolsitas de caramelos que les habían preparado.

La noche fría y estrellada se acabó cuando los niños rompieron las piñatas que creativamente hicieron cubiertas de palomitas de maíz y rellenas de caramelos, frutas y galletas.

Día de esperanza

El día siguiente, día de esperanza, inició con una reflexión sobre el papel del CDC San José como un punto de encuentro para el diálogo de diferentes actores de la sociedad. Por ello, el día inició con una celebración eucarística que logró unir a todos los beneficiarios para que aclamaran que son hermanos y que juntos construiremos un mundo mejor.

El momento más emotivo, fue ver que las manos de los beneficiarios se estrecharan con calidez y cariño por el simple hecho de haber sido creados por el mismo Dios.

Al término de la misa, todos los asistentes se reunieron alrededor de la Cruz Atrial del CDC, para degustar de unas deliciosas enfrijoladas con queso y crema, café, ponche de frutas y pan tradicional que fueron ofrecidos como desayuno.

Hacia las diez de la mañana se ofreció una presentación de los programas y colaboradores de la Fundación León XIII.

Y es que los grupos y/o comunidades que acompaña Fundación León en Chiapas conocen e identifican a las personas que los visitan regularmente, sin embargo hay quienes esporádicamente los ven, porque su trabajo se desarrolla desde las oficinas.

Lo que más agradó a los asistentes fueron las fotografías y videos que protagonizaban los colaboradores y beneficiarios de la Fundación y que sirven para dar a conocer el trabajo que realizan.

A las once de la mañana se quebraron las piñatas que habían hecho el día anterior los adultos en cada uno de los equipos.

El pañuelo, el palo y el canto de dale, dale no pierdas el tino, se escucharon con alegría. Ver el rostro de los niños, mujeres y adultos que disfrutaban de los momentos de convivencia, es sin duda lo que más recordaremos los colaboradores del CDC San José.

Luego, alrededor del medio día, y por iniciativa de Gabriela Reyes Aguilar, joven de la comunidad de Cuauhtémoc, del municipio de San Fernando, se abrió un espacio para amenizar la jornada con canciones.

“Dedico está canción a los todos los colaboradores de Fundación León XIII porque gracias a su apoyo mi comunidad está progresando y se ha dado cuenta que hay muchas formas de salir adelante” dijo Gabriela antes de cantar.

Poco a poco, pidieron el micrófono otras personas y el ambiente de cordialidad, cariño y confianza se consolidó hasta ver a artesanas de diferentes comunidades bailando y aplaudiendo al ritmo de las canciones.

Los colaboradores del CDC, Josué De la Torre De la Torre, nutriólogo; Francisco Gutiérrez López, contador del CDC; Marcelino Pérez Bolom, responsable de producción orgánica en comunidades; Juan Gómez Vázquez, médico tradicional; amenizaron con aplausos, baile y chiflidos.

Triste despedida

Luego de la convivencia, llegó el momento de comer y despedirse. Los manteles eran largos porque el objetivo de la Asamblea se cumplió. Los colaboradores y los beneficiarios juntos y contentos, sin temores, convivieron y se conocieron.

El tan ansiado mole con pollo llegó a las manos de todos acompañado de tortillas y agua de fruta, con ello se acercaba el momento de la despedida, en el que cada uno regresaría su comunidad a compartir lo que vivió durante la asamblea.

Abrazos y besos, como muestra de agradecimiento fueron los regalos que cada beneficiario dejó en los corazones de los colaboradores.

Para culminar la reflexión, vale la pena considerar las palabras que Javier Herrera, subdirector del CDC San José pronunció:

“Fue una Asamblea que sirvió para que se encontraran personas indígenas, campesinas y de zonas sub-urbanas que favoreció la identidad personal y de grupo y que fortalecerá su trabajo.

“Hace falta un mayor sentido de corresponsabilidad sobre la construcción de su presente y de su futuro, y de ellos hacia la Fundación. Aunque los espacios de convivencia, de reflexión y de celebración fueron muy positivos, hace falta una actitud de mayor apertura, aceptación e inclusión entre grupos y comunidades indígenas y mestizas”.

A su vez, al ser entrevistada sobre el significado de la asamblea, Rossana Burguete, asistente del subdirector señaló: “Me gustó la colaboración de todos. Vi a la gente agradecida, y aunque sé que tienen muchas necesidades, los vi con muchas esperanzas por salir adelante y de la mano de Fundación”.

A su turno, Alfonso Liévano Narváez, coordinador del programa de Desarrollo Agropecuario, apuntó: “me pareció una actividad completa con grandes frutos, compromiso y presencia de las comunidades. Se enriqueció el espacio por los momentos de convivencia entre Fundación y los beneficiarios”.

Finalmente, Alma del Mar Ramírez Acevedo, coordinadora de Comercio Justo, expresó: “la asamblea fue algo muy lindo que me agradó y que me deja satisfecha por la participación de todos, que logró organizarse con poco tiempo y dinero; y que supero las expectativas de todos”.

Las luces se apagaron, el CDC se cerró y sólo quedaron los recuerdos de las risas, los gestos de alegría y de agradecimiento en la memoria de los colaboradores del CDC.

La Fundación León XIII, es una institución de asistencia privada fundada en 1994 que, desde el Centro de Desarrollo Comunitario San José, ubicado en San Cristóbal de Las Casas, desarrolla programas orientados a mejorar la calidad de vida de distintas comunidades del sureste de México.

Texto Joyce Jiménez Cabrera; y fotografía Alejandro Román y Joyce Jiménez

miércoles, 20 de octubre de 2010

Recuerdos del Abuelo Juan y sus amigos

Días radiantes, con miradas de luz y ternura; días de torbellinos, formados por sonrisas de los niños; días de descubrimientos de talentos infantiles. Así es como recuerda el Abuelo Juan los lugares que, en 2009, visitó en Chiapas.

El Abuelo Juan, la Gallina Pancha, el Conejo Rabito, la Lombriz Coqueta anualmente realizan visitas a los hijos de los beneficiarios de la Fundación León XIII, IAP, en Chiapas. Durante las visitas, por medio de juegos, les enseña las ventajas de consumir alimentos orgánicos, cuidar el medio ambiente para mejorar su salud y la de sus familiares y amigos.

“Gracias a la Lotería de alimentos tradicionales recordamos a los niños que es importante comer frutas y verduras que se producen en la comunidad”, apuntó la Gallina Pancha. “El Abuelo Juan cantó los versos de la lotería en tzotzil, y los demás ayudamos a los niños y a las niñas a encontrar más rápido los gráficos, hasta que alguien gritaba laj paskana, es decir, lotería”, agregó el Conejo Rabito.

Julio Sánchez Lepe, prestador de servicio social del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente, destacó el interés de las madres de los menores participantes en las actividades de la Granja del Abuelo Juan, así como la gratitud que manifestaron por el tiempo que se dedicó a sus hijos. Eso fue muy grato—agregó—porque siento que contribuí al desarrollo integral de los niños, al futuro de cada una de las comunidades.

El proyecto de la Granja del Abuelo Juan enseña a niños y niñas de distintas comunidades. Lo hace, por medio de juegos con barro, pinturas, loterías y con la expresión corporal para que aprendan a separar los residuos orgánicos, a cuidar el agua, a comer frutas y verduras.

En el 2009, el Abuelo Juan y sus amigos visitaron a niños y niñas de San Cristóbal de Las Casas; Nuevo Carmen Tonapac; Juan de Grijalva; comunidades de Chiapa de Corzo; San Miguel, El Bosque; además fueron invitados y acudieron al Bazar Artesanal en Papalote, Museo del Niño, en el Distrito Federal. Convivieron con 639 niños y niñas que, entre risas, juegos y diversión aprendieron a aprovechar responsablemente los recursos naturales en sus comunidades.

La Fundación León XIII, IAP, es una institución de asistencia privada fundada en 1995 que, desde el Centro de Desarrollo Comunitario San José, ubicado en San Cristóbal de Las Casas, desarrolla programas orientados a mejorar la calidad de vida de distintas comunidades del sureste de México.

Texto Joyce Jiménez Cabrera

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Primeras cirugías de Luz



Las primeras 15 cirugías de cataratas se realizarán este jueves 9 de septiembre en el Hospital Nuestra Señora de la Luz, ubicado en la ciudad de México.

Esta tarde lluviosa 38 personas con esperanzas, ilusiones y con fe en Dios salieron a la ciudad de México. “Yo me siento contento por haber venido a Fundación. Quiero sanar y no dudo que regresaré a mi casa con bien y me sentiré más feliz”, comentó Don Pánfilo Montoya Pérez, originario de la comunidad Benito Juárez, La Concordia; minutos antes de abordar el autobús.

Las 15 personas iban acompañadas de un familiar y de cuatro colaboradores del CDC San José, Pedro Eric del Carpio Soto, coordinador del programa de Salud y Nutrición; Juan Gómez, médico tradicional; y como traductores: Javier Méndez Ruíz, del programa de Desarrollo Agropecuario y Rodrigo Luna Jiménez, del área de Administración.

Los pasados 15 al 17 de julio, Fundación Hospital Nuestra Señora de la Luz y Fundación León XIII unieron esfuerzos para realizar la Campaña visual Juntos por los ojos de Chiapas, en San Cristóbal de Las Casas Chiapas.

Las dos instituciones de asistencia privada se comprometieron a trasladar a los pacientes que requirieran de intervención quirúrgica a la ciudad de México, cubrir la alimentación y el hospedaje del paciente y un acompañante.

“Cuando regrese voy a ver a una muchachona”, dijo Don Pánfilo, hombre de 77 años, al abordar el autobús. “Este muchacho es muy joven” respondió entre risas doña María Bertha Hernández Morales, mujer de 66 años de Benito Juárez, La Concordia.

“Les deseo buen viaje a todos y que regresen con bien. Los veremos el día domingo” expresó Javier Herrera Romero, subdirector del CDC San José, al partir el autobús.

Las personas que serán intervenidas quirúrgicamente regresarán a Chiapas el día domingo 12 de septiembre al mediodía.

La Fundación León XIII, IAP, es una institución de asistencia privada fundada en 1995 que, desde el Centro de Desarrollo Comunitario San José, ubicado en San Cristóbal de Las Casas, desarrolla programas orientados a mejorar la calidad de vida de distintas comunidades del sureste de México.

Texto y fotografía Joyce Jiménez

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Joven aprendíz


“Mi mamá no quería que viajará al Distrito Federal, porque pensó que no regresaría”, recuerda Javier de Jesús Méndez Ruíz, responsable del módulo de hongos del Centro de Desarrollo Comunitario,CDC, San José, de la Fundación León XIII, en Chiapas.

Por el buen desempeño laboral y por el entusiasmo que ha demostrado el joven Méndez asistió el pasado 27 de agosto a un Taller sobre conejos en Tepotzotlán, municipio del estado de México, que organizaron la Fundación Luis María Martínez y Fundación León XIII.

Alfonso Liévano Narváez, coordinador del programa de Desarrollo Agropecuario, dio a conocer quienes irían al Taller sobre conejos los días 21 y 28 de agosto y el 4 de septiembre serían Marcelino Pérez Bolóm y Javier.

“ Fue una buena noticia, porque quiere decir que confían en mí y que puedo aprender más, dijo el joven de 18 años, quien se encarga de la producción de cuatro toneladas anuales de este noble producto que mejora la calidad de la alimentación de las comunidades de Chiapas.

Nervioso y con muchas ilusiones porque era la primera vez que viaja fuera de Chiapas, Javier se trasladó el día viernes 27 de agosto al Distrito Federal para descansar y estar al día siguiente en el Taller. “Aprendí mucho sobre conejos y ahora tengo mucho qué hacer en la granja que tenemos en el CDC”, expresó.

“Me enseñaron a identificar los síntomas de las principales enfermedades de los conejos y cómo curarlos. Además, de las diversas formas de agarrar a un conejo para que evitar los rasguños”, explicaba con los ojos cerrados para recordar todo lo aprendido en el Taller.

Lo que más le llamó la atención a Méndez Ruíz fueron las formas caseras para “desinflar a un conejo”, es decir, por exceso de alimentación los conejos pueden indigestarse y morir; ello implica que la alimentación de estos animales sea balanceada y vigilada para que gocen de buena salud.

Asimismo, en el Taller les enseñaron a los participantes a sacrificar a los conejos, limpiar y presentar las piezas para que fueran atractivas a los clientes. Finalmente, les enseñaron a curtir la piel del conejo para poder comercializarla.

“Cuando recién entre a trabajar al CDC me dediqué a seleccionar y lavar la hierba de limón y a picarla, para que después pudieran secarla y embolsarla para hacer las bolsas de té limón. Al terminar el pedido del té limón, me dedicaba a arar la tierra del invernadero para trasplantar acelgas”, recordó.

El asesoramiento, acompañamiento y formación que brinda Fundación León XIII no sólo es para las comunidades indígenas, también es para quienes colaboramos dentro de la organización.

La Fundación León XIII, IAP, es una institución de asistencia privada fundada en 1995 que, desde el Centro de Desarrollo Comunitario San José, ubicado en San Cristóbal de Las Casas, desarrolla programas orientados a mejorar la calidad de vida de distintas comunidades del sureste de México.

Texto y fotografía Joyce Jiménez

lunes, 22 de febrero de 2010

Segundo año con juguetes

Este es el segundo año que el Centro de Desarrollo Comunitario San José, de la Fundación León XIII, entrega en Chiapas juguetes que distintas personas y empresas en la Ciudad de México entregaron como donativos para familias chiapanecas.

El 12 de febrero, luego de más de un mes de viajar a 56 comunidades de 21 municipios, terminó la entrega de 1,488 juguetes. Los juguetes entregados a los pequeños son un bálsamo que ayuda a que la vida de los niños de las regiones Altos y Selva sea más llevadera, menos difícil.

Los juguetes no resuelven todos los problemas de niñas y niños del estado, pero ciertamente les ayudan a olvidar, por unos momentos, las condiciones difíciles que hacen de Chiapas una de las entidades con las más altas cifras de analfabetismo, deserción escolar y desnutrición que nos ubican en niveles similares a los países africanos en situación de extrema pobreza.

En Zinacantán, por ejemplo, los niños sabían que acudiríamos a entregar los juguetes y se mostraban inquietos por saber cuáles se llevarían a casa; era tanta la curiosidad que, desde que los vieron llegar, acompañaron y ayudaron al equipo de Economía Comunitaria a bajar las bolsas con juguetes de las camionetas.

Momentos después, los pequeños eran organizados por los colaboradores de la Fundación León XIII, para hacer una fila y recibir su juguete. Ya con el juguete entre sus manos, los rostros de niñas y niños se transformaron, fueron felices por unos momentos y se organizaban rápidamente para jugar, al tiempo que enseñaban a otros niños el juguete que se llevarían a casa.

La felicidad de tener un juguete propio y nuevo era suficiente para olvidar hasta los kilómetros que debían caminar para llegar a casa.

Cualquier institución podría entregar juguetes, sin embargo diversas personas y empresas confían en que Fundación León XIII entregue los juguetes y transmita que las personas son importantes sobre todas las cosas.

Por este medio, la familia del Centro de Desarrollo Comunitario San José en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, acrecemos los afanes y empeños de Alicia Ruiz Vargas, Carlos Ruiz, Cinthia Coca, Julia Sánchez, Fundación Azteca, de los empleados y directivos del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, Dibujando un Mañana, AC y otras personas, quienes confiaron en nosotros para realizar la entrega de juguetes a niños chiapanecos. Asimismo, el próximo año, esperamos tener como regalo poder disfrutar de de su persona.

La Fundación León XIII, IAP, es una institución de asistencia privada fundada en 1994 que, desde el Centro de Desarrollo Comunitario San José, ubicado en San Cristóbal de Las Casas, desarrolla programas orientados.

Texto y fotografía Joyce Jiménez

lunes, 21 de diciembre de 2009

TESTIMONIO INVIERNO 2009

Alejandro Román Pérez

En dos meses de participación en Fundación León XIII, IAP, me siento a gusto de compartir con los compañeros de las distintas áreas de trabajo, que nos hacen sentir como en familia, “la familia de León XIII Chiapas” en la que he tenido la oportunidad de aprender a compartir y a recibir la esperanza de ser prójimo.

Ser prójimo se dice fácil, pero es un proceso de aprendizaje en el que se desarrollan habilidades tanto humanas como sociales. Debo reconocer que dar el paso fue difícil, pero con el acompañamiento de la gente que labora, participa y ayuda en esta institución se me facilitó el servir a los demás.

Tuve la oportunidad de convivir en la posada 2009 y participar en todas las actividades que los compañeros prepararon. Un momento inigualable, en el que se compartió la bendición de los alimentos que degustaríamos y la alegría de vernos reunidos de una manera especial.

Las dinámicas de integración grupal me ayudaron a conocer a todos y de integrarme más, fue grato el momento en el que me llamaron para darme un presente, por ser voluntario de la Fundación, esto me hace sentir más a gusto y emocionado por el servicio que realizo, mucha o poca ayuda al final es un granito de arena.

Hoy me doy cuenta que nos hace falta trabajar más, hacer conciencia de que en el servicio está la oportunidad de hacer amigos, y espero compartir con ellos en Fundación y conocer a más personas durante mi voluntariado….

Texto Alejandro Román Pérez y fotografía Joyce Jiménez

domingo, 4 de octubre de 2009

Testimonio del verano 2009

Iñigo Martínez
Miraba por la ventana del avión y veía mucho verde, mucho monte, entonces supuse que ya quedaba poco, por fin estaba en Chiapas.

Ahora ya en suelo mexicano, me dirigía junto mi compañero Iñigo Obeso, montaña arriba, a San Cristóbal de Las Casas. El camino me ayudo a situarme, las carreteras tenían otro aspecto, lo mismo pasaba con los coches, y dios mío, ¡vaya forma de conducir!

Llegue a la estación de autobuses, repleta de gente como es normal, nos dirigimos al primer taxi rumbo a la Fundación León XIII. Era de noche, tocamos el timbre y un señor, conocido como Don Marco, nos abrió la puerta y nos dio la bienvenida. Nos acomodo en una habitación donde pasamos la primera noche de lo que sería un mes de una experiencia que quedara grabada en mi memoria.

Este mes empezó por conocer a todos los miembros de la Fundación, desde la dirección hasta el último trabajador. A continuación, se me explico cuál sería el esquema de trabajo como voluntariado. En relación a mi perfil profesional y expectativas se me asigno el área de Seguridad Alimentaria, ya que esta cubriría distintas actividades que quería realizar. Finalmente, conocí a otros jóvenes voluntarios con los que conviviría durante mi estancia en Chiapas.

Casi sin darme cuenta, ya habían pasado unos días y ya me sentía totalmente integrado en la dinámica de la Fundación. Daba gusto cruzarse con la gente y tener regalada una sonrisa y un saludo. No es difícil entender como al poco tiempo yo ya me sentía como en mi casa.
Iñigo Martínez en Senilia

Estuve haciendo trabajos en la Granja del abuelo Juan, visité el asilo de ancianos Senilia, participé en tareas rutinarias de limpieza y alimentación de los distintos aves de corral que allí habitaban, aprendí a trabajar la lombricomposta, trabajé en el invernadero, conocí el proceso de obtención de hongos, entre más cosas.
Estuve presente en dos talleres, Aves de corral y Herbolaria, que se realizaron en el Centro de Desarrollo Comunitario San José, y a los que asistieron distintos miembros de diversas comunidades del estado. Fue una gran experiencia oír de sus bocas los problemas que planteaban del día a día y compartir con ellos tanto los conocimientos como las dudas.

Uno de los aspectos que caracterizan estas tierras, a parte de su gran belleza y exuberante vegetación, son sus gentes. Fue muy interesante poder tener un contacto, en las salidas a comunidad, con aquellas comunidades que trabajan junto a la Fundación, y poder ser testigo de su realidad, conociendo sus inquietudes, sus necesidades, sus problemas, su alegría, y sintiendo su hospitalidad. Lo mismo diría de aquellas personas compañeras de la Fundación, con quienes compartí horas de trabajo, de quienes recibí un magnífico trato, pude aprender muchas cosas y quienes me hicieron sentir como uno más. Y como no, guardo un gran recuerdo de aquellos que como yo, voluntariamente se aventuraron en dedicar una pequeña parte de sus vidas a conocer y participar en el trabajo que realiza la Fundación.

Podría decir que me llevo muchas cosas de vuelta a mi hogar. El recuerdo de un precioso lugar, de una gran experiencia, por las culturas y gentes singulares que conocí, por las amistades que logre hacer, y por lo que pude aprender de otros y de mi mismo. Sin duda, llevaré siempre a Chiapas y a esta vivencia en mi corazón.
Texto Iñigo Martínez y fotografíia de Joyce Jiménez